La presencia en la dieta de alimentos ricos en grasas como la omega 3 es la clave para un buen desarrollo y un correcto rendimiento intelectual. Sin ellas no podríamos vivir. Aunque ante la llegada del verano las grasas se transforman en el enemigo público número uno, su eliminación puede afectar la salud del cerebro. La razón es que hasta el 50% de las membranas de todas las células del cuerpo están compuestas por colesterol. Por lo tanto, asegurar que la grasa sea mala para el cerebro es como decir que el cemento es malo para un edificio. Las grasas son su estructura.

Cuestión de evolución

evolución de las grasasEsta gran presencia de grasa, que nos diferencia de otros primates, se debe a una simple cuestión de evolución. Según Adrienne Zihlman de la Universidad de California y Debra Bolterb de la Universidad sudafricana de Witwatersrand, la grasa ha jugado un papel clave en la evolución del ser humano. Tanto es así que el cerebro triplicó su tamaño en comparación con el de los monos gracias a la contribución de la carne. Esto ha traído otras adaptaciones corporales, como el acortamiento del colon y el alargamiento del intestino delgado, para digerir mejor este tipo de alimentos.

Además, las células fundamentales del cerebro (neuronas) “hablan” por impulsos electroquímicos, y sin grasa, nuestro cerebro podría incluso recalentarse. Otra razón es que la grasa “funcional” contribuye también a muchas actividades cerebrales y su falta podría conducir a su deterioro progresivo. De hecho, las grasas metabolizadas parecen ser la clave para renovar y restaurar las neuronas, y así prevenir enfermedades como la enfermedad de Alzheimer.

Derribando mitos

Desafortunadamente, el paradigma de que la grasa es mala está demasiado implantado. Sin embargo, sin las grasas, no podríamos vivir, en cambio sin azúcar, perfectamente. De ahí la importancia de los alimentos que ayudan al cerebro y proporcionan esta grasa saludable como el pescado azul, el aguacate, el aceite de oliva virgen extra prensado en frío, las aceitunas, las frutas y las semillas oleaginosas, entre otros.

Alimentos perfectos para el cerebro

Pescado azul

Los pescados como las sardinas, el salmón, el atún, la trucha o la caballa proporcionan una gran cantidad de ácidos grasos omega 3, una grasa que beneficia al cuerpo humano y al cerebro. Incluso se recomiendan en los procesos de depresión y estrés. El pescado en particular, debe consumirse fresco y joven, para evitar la acumulación en su organismo de metales como el mercurio.

Aguacate, aceite de oliva, nueces y otros

El aguacate proporciona nutrientes que ayudan a estabilizar el azúcar en sangre. Además, proporciona energía al cerebro. El aceite de oliva virgen extra (prensado en frío) proporciona una gran cantidad de polifenoles, antioxidantes naturales que ayudan a prevenir el envejecimiento y el deterioro de las neuronas cerebrales. Sin embargo, el aceite de oliva pierde muchas de sus propiedades con la temperatura, por ello, mejor consumirlo en crudo. El aceite de coco orgánico es rico en grasas saturadas, aunque no ha sido muy popular antes de demostrar que las grasas dañinas son trans, no las del coco. El aceite de coco orgánico es en realidad un nutriente clave para aliviar enfermedades como el Alzheimer o la epilepsia.

Las nueces son una excelente fuente de omega-3 vegetales (un poco menos poderosos), estimulan la función cerebral y tienen una gran capacidad antioxidante. Las grasas trans constituyen en cambio una de las causas de las altas tasas de enfermedades del corazón. Están presentes en alimentos hidrogenados, como fast-food, productos de bollería industrial y otros productos procesados ​​y fritos. La hidrogenación sirve para aumentar su duración y sabor, pero representa un riesgo para la salud, especialmente la de nuestro cerebro.