El aceite de oliva virgen extra contribuye a combatir la depresión gracias a sus grasas monoinsaturadas y polifenoles, que reducen la neuroinflamación cerebral. Estos nutrientes favorecen la producción de serotonina y dopamina, neurotransmisores esenciales para regular el estado de ánimo. Al mejorar la plasticidad neuronal y proteger el sistema nervioso del estrés oxidativo, el consumo regular de este aceite se asocia con un menor riesgo de trastornos afectivos y una mayor resiliencia mental.