El cambio climático amenaza la producción de aceite de oliva mediante sequías extremas y alteraciones en los ciclos de floración. El aumento de las temperaturas y la falta de agua reducen el rendimiento de las cosechas y afectan la calidad del fruto. Además, los eventos climáticos impredecibles favorecen la propagación de plagas, obligando a los agricultores a adaptar técnicas de cultivo sostenibles para proteger la resiliencia de este cultivo milenario y asegurar su futuro.