Los alimentos ultraprocesados son perjudiciales porque carecen de nutrientes esenciales y están cargados de azúcares refinados, grasas trans y sodio. Su consumo habitual altera el metabolismo, favoreciendo la obesidad, la diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Además, contienen aditivos y conservantes que dañan la microbiota intestinal. Frente a la riqueza natural del aceite de oliva, estos productos industriales promueven la inflamación crónica y el deterioro de la salud a largo plazo.