Brasil ha emergido como un productor joven y dinámico, concentrando sus olivares en regiones altas y frescas como Rio Grande do Sul y Minas Gerais. Gracias a la tecnología moderna y cosechas tempranas, produce aceites de oliva virgen extra de frescura excepcional y perfiles muy aromáticos. Aunque su producción es aún pequeña, la calidad de sus variedades como Arbequina y Koroneiki ha sorprendido en concursos internacionales, ganando gran prestigio mundial.