China ha impulsado una producción creciente y ambiciosa, especialmente en provincias como Gansu y Sichuan, donde el clima favorece el cultivo del olivo. Su enfoque combina tecnología avanzada con el deseo de reducir la dependencia de las importaciones. Aunque tradicionalmente es un mercado consumidor de aceites europeos, la producción local de virgen extra está ganando reconocimiento por su calidad sorprendente, frescura y perfiles suaves que se adaptan al paladar asiático moderno.