Italia es sinónimo de biodiversidad y excelencia, contando con más de quinientas variedades de aceituna como la Coratina, Frantoio o Leccino. Su producción se caracteriza por una fragmentación de pequeños productores que priorizan la calidad artesanal y el diseño. Sus aceites de oliva virgen extra son valorados mundialmente por sus perfiles complejos, que varían desde notas intensas y picantes en el sur hasta sabores más delicados y herbáceos en el norte.