Japón ha consolidado una producción de aceite de oliva pequeña pero de una calidad excepcional, centrada principalmente en la isla de Shodoshima. Su enfoque se basa en la perfección técnica y el cuidado manual meticuloso, resultando en aceites de oliva virgen extra frescos, suaves y con perfiles aromáticos muy limpios. El consumidor japonés valora el producto local como un artículo de lujo, apreciando su delicadeza y los beneficios para la salud.