Jordania posee una herencia olivarera que se remonta a miles de años, albergando algunos de los olivos más antiguos del mundo. Su producción se centra en variedades autóctonas como la Nabali, que ofrece aceites con un carácter robusto, notas frutadas intensas y un toque picante distintivo. El país ha modernizado sus técnicas de extracción para elevar la calidad, logrando aceites de oliva virgen extra premiados que reflejan la riqueza de su suelo.