Turquía es uno de los mayores productores mundiales, con una tradición milenaria centrada en variedades autóctonas como la Memecik y la Ayvalik. Sus aceites de oliva virgen extra destacan por un equilibrio excelente, con notas de hierba fresca, almendra y un frutado persistente. Gracias a una fuerte inversión en tecnología y almazaras modernas, el país ha elevado su calidad, logrando productos premium premiados internacionalmente que reflejan la riqueza del suelo anatólico.