Freír con aceite de oliva
El hábito de freír con aceite de oliva ha sido objeto de debate durante décadas, alimentado por el mito de que las altas temperaturas degradan sus propiedades saludables y lo convierten en un riesgo para el bienestar.
Sin embargo, un estudio científico reciente publicado en la revista Foods por investigadores chilenos viene a desmentir esta creencia popular, demostrando que este ingrediente no solo resiste el calor, sino que puede transformar positivamente el valor nutricional de los alimentos.
La investigación se centró en analizar cómo reaccionan diferentes vegetales al ser cocinados con aceite de oliva virgen extra (AOVE) mediante tres métodos distintos: la fritura clásica, el horno y la freidora de aire (airfryer).
Los resultados revelaron un dato sorprendente: mientras la temperatura no supere los 190°C, el aceite de oliva mantiene intactos sus compuestos fenólicos y antioxidantes. Al freír con aceite de oliva o usarlo en métodos de aire caliente, el aceite actúa como un vehículo que transfiere ácidos grasos monoinsaturados a los alimentos, mejorando su perfil lipídico y facilitando la absorción de vitaminas esenciales como la A, D, E y K, que necesitan de una grasa para ser asimiladas por el organismo.
El estudio utilizó galettes de verduras para las pruebas, y los catadores confirmaron que aquellas preparadas con AOVE no solo eran nutricionalmente superiores, sino también más atractivas visualmente, más crujientes y notablemente más sabrosas que las cocinadas sin él.
Este hallazgo es fundamental para la cocina doméstica, ya que confirma que el punto de humo del AOVE es lo suficientemente alto como para permitir técnicas de cocción seguras. Por tanto, freír con aceite de oliva a fuego medio o utilizarlo para pincelar alimentos antes de meterlos en la freidora de aire es una estrategia inteligente que combina el placer gastronómico con la protección cardiovascular.
La clave reside en evitar el sobrecalentamiento extremo; manteniendo el control de la temperatura, el aceite de oliva virgen extra se consolida como la grasa más estable y saludable para cualquier tipo de transformación térmica en la cocina, desterrando definitivamente la idea de que debe reservarse exclusivamente para aliños en crudo si se quieren aprovechar sus beneficios.


