El aceite de canola
El aceite de canola, un producto que nació como lubricante industrial para motores marinos debido a su alta adherencia a metales húmedos, se presenta hoy en el mercado global como un competidor directo de las grasas vegetales saludables, aunque sin alcanzar la excelencia nutricional del aceite de oliva virgen extra (AOVE).
Según analiza ASAJA Jaén, la comparativa entre ambos surge de su perfil lipídico, ya que el aceite de canola posee un bajo contenido en grasas saturadas y una presencia significativa de omega-3; sin embargo, carece de la riqueza en polifenoles antioxidantes y compuestos volátiles que hacen del AOVE un alimento funcional único.
El proceso industrial para obtenerlo es complejo y dista mucho de la extracción mecánica simple del zumo de aceituna. La producción comienza con la limpieza y el acondicionamiento térmico de las semillas de colza modificadas (variedad Canola), que luego se someten a un pre-prensado mecánico. Para maximizar el rendimiento, la torta resultante se somete a una extracción por solventes químicos, generalmente hexano, seguida de un proceso de refinado, blanqueado y desodorización a altas temperaturas para eliminar impurezas y olores desagradables.
A nivel mundial, su consumo es masivo en países como Canadá, Estados Unidos, China y Alemania, donde marcas como Wesson, Crisco, Mazola y La Tourangelle dominan los estantes. En España, el panorama es radicalmente distinto debido al estigma histórico del síndrome del aceite tóxico de 1981, lo que provoca que el aceite de canola sea casi invisible para el consumidor doméstico.
Aunque la industria alimentaria española lo utiliza de forma técnica en productos procesados bajo la denominación genérica de «aceites vegetales», es muy difícil encontrar marcas específicas en supermercados nacionales, relegando su presencia a tiendas de importación o plataformas online.
En definitiva, mientras el aceite de canola se posiciona como una opción funcional y económica en el extranjero, en el contexto español y frente a la calidad del AOVE, sigue siendo percibido como una grasa industrial refinada de perfil inferior.



