El fraude en el aceite de oliva consiste en engañar al consumidor sustituyendo el producto virgen extra por mezclas de aceites de menor calidad, como girasol, colza o aceite «lampante» refinado. A menudo se utilizan colorantes y saborizantes para imitar el aspecto premium. Esta práctica busca maximizar beneficios aprovechando el alto valor del «oro líquido», comprometiendo la confianza del mercado y la autenticidad de este pilar gastronómico.