La historia del aceite de oliva nació en el Creciente Fértil hace milenios, expandiéndose por el Mediterráneo gracias a fenicios, griegos y romanos. Considerado sagrado, se usó como alimento, medicina y combustible para lámparas. Durante el Imperio Romano, Hispania se convirtió en la principal exportadora mundial. Hoy, este «oro líquido» trasciende su origen antiguo, consolidándose como un símbolo cultural y pilar indispensable de la dieta mediterránea global.