Austria no es un productor tradicional debido a su clima alpino, por lo que su mercado depende casi totalmente de la importación de aceites mediterráneos de alta gama. Sin embargo, el consumidor austriaco es extremadamente culto gastronómicamente y prioriza productos con certificación ecológica y trazabilidad garantizada. El aceite de oliva es visto como un ingrediente gourmet esencial en su cocina, valorando perfiles sensoriales complejos que complementen su cuidada oferta culinaria regional.