Israel es pionero en la producción de aceite de oliva en climas áridos, destacando por su uso magistral del riego por goteo y la agricultura de precisión. Sus aceites, procedentes de variedades como la autóctona Barnea, son célebres por su equilibrio y frescura. Con una tradición milenaria que se remonta a tiempos bíblicos, el país combina hoy historia y tecnología para obtener virgen extra de alta calidad con perfiles aromáticos muy singulares.